Crónica de un semejante muy desigual

El mundo está plagado de desigualdades. A pesar de la hiperconectividad, persiste una fragmentación que nos impide resolver el problema de vivir con dignidad y en comunidad. Las desigualdades no solo se manifiestan en indicadores técnicos como las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) o las líneas de pobreza, sino que se traducen en un creciente malestar subjetivo.

Esta situación nos plantea el desafío de crear capacidades de actuar conjuntamente, en lo que nos afecta a todos, o al menos a casi todos. Las iras y las angustias aumentan a la par de la pobreza y la desconexión entre hermanos, pares, vecinos, entre aquellos con los que nos une una tarea en común: la construcción de una patria justa y fraterna.