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Hay un fenómeno que se viene dando desde hace algunos años, más o menos desde que el acceso a internet se volvió masivo: el consumo irónico. Pagar por cosas que sabemos de antemano que no están buenas, no están particularmente bien hechas y a veces ni siquiera son divertidas. Un disfrute culposo del lado bizarro de la vida. No sé si esto aplica a la saga de “Rápido y Furioso”, pero creo que está bastante cerca.

La primera parte (del año 2001) fue una remake flojita de papeles de “Punto de quiebre”, donde cambiaron a los surfistas californianos por amantes obsesivos de los autos. Las tramas fueron mutando episodio tras episodio, hasta llegar a esta especie de crossover entre “Los Vengadores” y “La carrera de los autos locos”.

La recaudación de la saga parece no tener techo: la misma ya cuenta con un público fiel de seguidores, varios de ellos atraídos luego del morbo de la séptima entrega, donde Paul Walker fue reemplazado poco elegantemente después de perder la vida en un accidente de autos (a veces la vida se pasa de irónica).

La verosimilitud ya es cosa del pasado: no hay nada que no se pueda hacer sobre un auto, sea un coche de altísima gama o una chatarra destartalada. Eso despierta la curiosidad también, ¿con que nos van a intentar sorprender esta vez?

Hay otra fórmula que se viene repitiendo: el villano o secuaz de la película anterior pasa a formar parte del bando de los héroes, porque aparece un malo nuevo aún mas malvado todavía. Los villanos son circunstanciales, por lo menos hasta el estreno de la secuela inmediata, donde seguramente será adoptado como otro huerfanito pistero.

La resolución de conflictos entre enemigos es irrisoria. Las rencillas, otrora mortales, se resuelven con una facilidad digna de un jardín de infantes, dando lugar a que fluya la comedia y las frases cliché.

Ahora que enumeré punto por punto las fallas graves de “El destino de los furiosos”, no queda más que dar el veredicto final: la película es genial. Son más de dos horas de metraje donde la acción y la diversión no paran, estén en cual sea la parte exótica del mundo que demande el guión. Esta octava parte supera con creces a su secuela, siendo tan entretenida como inverosímil.

El elenco es cada vez más grande y variado: conviven en un mismo set actores de acción consagrados, como son The Rock y Jason Sthatam, un par de artistas musicales del momento, alguna ocasional ganadora del Oscar, como son Charlize Theron y la multipremiada Helen Mirren. Cuenta la leyenda que fue ella misma quien pidió estar en esta película. Creer o reventar.

“Rápido y Furioso” se convirtió en ese jugador que está cerca del retiro pero que sigue ganando partidos de manera inexplicable. Son películas que no piden nada y dejan todo en pos del disfrute, siempre y cuando uno no espere una moraleja o enseñanza que nos cambie la percepción de la vida. Se mira comiendo pochoclo o no se mira.

 

Vin Diesel, protagonista, productor y padre adoptivo de la criatura, anuncio no solo una secuela, sino dos más. ¿Existe un límite? Francamente, creo que ya no importa. Toretto y su familia ya están más allá de todo.