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Guardianes de la galaxia volumen 2 escapa al dicho malicioso y de poco fundamento que reza que “segundas partes nunca fueron buenas”. Tampoco es mejor que su predecesora, pero sigue estando a la altura.

Cuando Marvel anunció la filmación de la primera parte de “Guardianes de la galaxia”, muchos pensamos que se habían vuelto locos. Una cosa son los súper-mega-archi conocidos Avengers, pero a estos muchachos, ¿quién los conoce? Solo el fandom comiquero sabia de su existencia y, así y todo, no era el equipo más popular. Fue quizá la apuesta más fuerte de la casa de las ideas. Y por suerte (para todos) la película fue un pleno en la ruleta: personajes nuevos con muchísimo carisma en una historia bien contada y mejor musicalizada. La segunda parte no tardaría en llegar.

Lo que podría ser solo una historia de ciencia ficción en el espacio, es en realidad el relato de los dilemas de una familia ensamblada. Con extraterrestres, naves espaciales y conflictos interplanetarios, por supuesto. Pero el eje de la trama son las relaciones personales de este grupo de lobos solitarios que se convirtieron en una manada.

Si bien la comedia está presente en todas las películas de universo cinemático de Marvel (UCM), es en Guardianes donde se dan mayor libertad para explotarla. Por lo general, siempre hay un personaje encargado de los gags que descomprime el drama: el llamado “alivio cómico”. En esta película todos lo hacen: héroes, villanos y extras. Cualquiera en cualquier momento te puede arrancar una carcajada. Aunque a veces pareciera que se abusa del recurso, se sostiene la fluidez de la historia y los momentos emotivos (que son pocos, pero efectivos).

La banda sonora es nuevamente impecable. Los temas "ochentosos" grabados en casetes por la melómana madre de Starlord (Chris Pratt) vuelven a ser tan relevantes como en la primera parte. Es este personaje el que aporta la cuota de nostalgia, con referencias continuas a la cultura pop y sus personajes más icónicos. La intriga sobre la identidad de su padre planteada en la secuela, se resuelve con la aparición de Ego (Kurt Russel), reclamando a Peter como su hijo legítimo. No es casual la elección de añadir al elenco a este icono de los años ochenta, así como tampoco lo es la participación de Silvester Stallone (corta, pero con probabilidades de regreso). La nostalgia es un hilo conductor y un mimo para los que fuimos niños en esa época.

 

Los que se queden en la butaca una vez finalizada la película, recuerden que hay cinco escenas post créditos. Algunas solo para agregar una carcajada más, otras para dar un pequeño avance de lo que nos depara este universo de seres entrañables que no para de crecer.